Daniel Nataine: “Esta pandemia no impacta de la misma forma en todas las localidades”
4 julio, 2020
Conmovedor relato de una vecina de El Bolsón repatriada desde Chile
6 julio, 2020
Compartir

Todos jugamos, alguna vez, ese divertido juego con frases desopilantes que finalizaban una gran cadena de secretos contados al oido. Esos susurros, de boca en boca, se iban transformando en diretes distorsionados por los mismos participantes. Quizá ya recuerdan su nombre o, mejor aún, lo entretenido que era. Le decíamos “el teléfono descompuesto” y su gracia consistía en contraponer la frase inicial a la última comprobando cuánta diferencia absurda existía entre el inicio y el final. Claro, querido lector, esta pareciera ser la moraleja obvia del relato, pero aún faltan algunos detalles y giros que quiero agregar.

Pensando en estos juegos infantiles, en las distorsiones que existen en las reinterpretaciones sucesivas de las cosas y las personas, llegamos a una fecha importante: el 1ero de julio. Día triste y solemne para muchos que, como otras oportunidades, nos invita a repensar nuestras propias convicciones.

Es que en el hogar de mi infancia ya se respiraba el peronismo. Pero, no todos vivimos las mismas experiencias ni nos cuestionamos como lo hizo Descartes para llegar a las más profundas certezas. Por eso, aprovechando el impulso reflexivo, le  pregunté a mi padre que es uno de los referentes peronistas más apasionados que conozco, por qué era peronista. Y él, casi sin bacilar, respondió: “por sentimiento, por convicción nacional”. Yo no me conformé con su enfática respuesta, quería saber un poco más, que me explicara con otras palabras e ideas lo que significaba… tres veces le pregunté y tres veces me dio la misma respuesta. Para él esas palabras encerraban todo y eran tan claras como el agua, no había nada más que agregar. Para mí, esas frases escondían muchos recuerdos de la infancia que hacían eco en mi propia memoria, y quizá en la memoria compartida por un pueblo que lloró no sólo a un presidente sino que un 1ero de julio de 1974 asistió al “funeral de un sueño inconcluso”, como dice Héctor Ponce.

Cantar la marcha peronista con mi padre, ver cómo el pecho se le llenaba de orgullo y hacía sobresalir ese escudito, compartir un asado con “compañeros”, discusiones políticas en la Unidad Básica, escuchar cómo se golpeaba fuerte el bombo en las marchas… cada recuerdo fue un latido lleno de esperanza que, en este presente, resuena con un eco distinto.

Creo que todos, aún en medio de esta cuarentena, tenemos algo de ese primer peronismo. Es esa búsqueda de dignidad, frente a lo que nos denigra. Es ese darnos un espacio para pensar en lo que realmente necesitamos. Es ese volvernos protagonistas en las cuestiones más básicas y cotidianas. Es ese impulso de lucha frente a las injusticias. Y, por supuesto, podría argumentar otros beneficios que incorporamos a nuestra forma de vida como los derechos conquistados (aguinaldo, vacaciones, etc). Pero prefiero quedarme con esto: cuando la pandemia azotó la puerta y pensamos en la salud “pública”, cuando seguimos cobrando un ingreso (a pesar de la crisis económica), cuando a cada hogar poco o mucho llega el Estado, ahí, sigue intacto el primer peronismo y vigentes cada uno de los derechos que nos dio el General.

Claro, si se piensa en el peronismo rionegrino, esos ecos resuenan muy distintos. Ya ni siquiera el apotegma “para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista” llega como una frase intacta al final de la ronda. Y así, muchas de las primeras postulaciones se van distorsionando por el camino. Ni hablar del PJ, que pareciera estar decidido a jugar en las ligas menores y mientras más se achique el partido es “más mejor”. Sí, porque así un grupito de ‘ignorantes’ (aunque deberían calificarse de ‘cínicos’) se siguen asegurando un sueldo, un estar sin aspirar al poder con el fin de conseguir el bien colectivo. Ya hasta se ha perdido la posibilidad de celebrar las fechas que fomentan la sensación de pertenencia y la identidad peronista. Hoy ya no se vive la mística que era parte de ese sueño colectivo de gobernar. Ya casi no queda nada de esos hombres y mujeres rionegrinos que jamás dejarían de luchar. Algunos, por la edad y por las repetidas decepciones, se fueron muriendo sin poder mostrarles ni explicarles a los más jóvenes qué era el peronismo. Por eso, los nuevos militantes encuentran el precepto peronista diluido en otros partidos rionegrinos sin saber cuál es la fuente. Ya lo dijo Verani al reconocer que el radicalismo en Río Negro se tuvo que “peronizar” y tomar las herramientas de Perón para mantenerse a flote. Así se pasa el tiempo. Y, ni siquiera, entender que Martin Soria en su afán y miedo dinamitó la fortaleza del peronismo, alivia un poco. Claro, es que lo debilitó al dividirlo como una forma de sacarse el “problema de la conducción del partido” de encima (surgen muchas preguntas al respecto: ¿para qué se puso en ese lugar si nadie lo obligó?, ¿no era que “el que pierde acompaña” para mantener la mística y el partido unido?, ¿era mejor acompañar a los candidatos a intendente de otros partidos antes que a los propios compañeros peronistas?). Y, ni siquiera saber que se llevó la peor de las derrotas en la historia del peronismo rionegrino es consuelo, porque se ganó un pasaje a Buenos Aires donde ni siquiera atiende a la prensa.

En fin, querido lector, como dije al principio, la distorsión ha sido tan grande entre el principio y el final que el significado es un tremendo absurdo. Y sólo resta reconocerlo. Así está el peronismo en la actualidad: sin chances de gobernar. Y todos vamos a tener que acostumbrarnos a llamarlo Partido Justicialista Rionegrino, porque, si Perón llegara a ver lo que hicieron los dirigentes con su legado… Si viera cómo se sigue echando y expulsando a los compañeros desde lo orgánico y cómo los incorporan otros partidos con los brazos abiertos… Si viera cómo trabajan socavando las ilusiones para sacar la menor cantidad de votos posibles en las elecciones… Si viera cómo ya no podemos usar los bombos con orgullo, reunirnos a comer un chori y hablar de luchas, ir a las marchas o a los actos peronistas. Si viera cómo nos dividieron… bajaría del más allá en un santiamén a darles una flor de patada en… (ya saben dónde), dicen los verdaderos peronistas en cada rincón de esta provincia. Esperando que algún día, con mucho sentimiento y convicción nacional, suenen los bombos con estas nuevas arengas:

“Soñemos en grande, que nos vuelva a entusiasmar, que el peronismo en Río Negro pueda gobernar” 

“Fortalece la democracia y le sirve a la oposición, volvernos en esta provincia una verdadera opción”

“El valor de un ‘compañero’ y poner los dedos en ‘v’, sólo el verdadero peronista, lo puede entender”

“Agitando las banderas, con remeras de la JP, resuena más fuerte el bombo y el ‘vamos a volver’”

“Siempre para adelante, nunca volviendo atrás. El pueblo canta la Marcha y no para de conquistar.”

“Comparten el sentimiento y la convicción nacional: unidos hacia el futuro, vamos por mucho más.”