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Un nuevo giro al sol y ya sumamos 10 días a los 204 años que llevamos de declarar nuestra Independencia. Sí, de alguna u otra forma, todos valoramos esos ideales, les rendimos respeto a los próceres y hasta festejamos los feriados. Pero, a la larga, seguimos amando esos sustantivos “abstractos” (llamese Independencia, Libertad, Igualdad, etc) que en el ejercicio cotidiano toman diferentes interpretaciones y se encarnan hasta de maneras contradictorias. Quizá porque el significado unívoco de los símbolos y grandes ideales, es sólo una ilusión que depende de la sociedad que los genera y ésta, a su vez, se reduce a las virtudes y defectos de la naturaleza humana. Pero cómo superar estas limitaciones.

Este 9 de Julio, como tantas otras fechas patrias que pasamos en cuarentena, ha sido tan particular como el mismo contexto en el que nos encontramos. Es cierto, querido lector, esta frase no es la reflexión más original que podemos darte pero sí nos puede servir como puntapié para analizar con simpleza algunos factores que vuelven tan complicado el análisis de la realidad. Por eso, cómo no referirnos a los sucesos del 9 de julio pasado, cuando de alguna manera nos sentimos interpelados por esa Argentina tan vulnerable y contradictoria. Cuando el derecho de libertad de algunos se interpuso al ejercicio de libertad de otros en una puja de ciudadanos donde se entremezclaban necesidades e intereses en un triste absurdo. Es en esta complejidad que nos surgieron varias preguntas: ¿realmente podemos ser libres avasallando el derecho de libertad de otros? ¿hasta cuándo vamos a definir el concepto de libertad sin pensar en los derechos y responsablidades que conlleva?¿vale más la libertad de uno que la de los otros?

Lo interesante de los hechos es la simultaneidad de lecturas que coexisten bajo la misma bandera de “Libertad”. Pero hablemos más claro aún. Ya que todos sabemos que no existe la libertad como tal si no hay expresión y ejercicio de la misma. Y el 9 de julio, no sólo hubo un pedido de los manifestantes que sentían sus derechos vulnerados, sino que a la vez, de manera contradictoria, para avanzar en sus reclamos, rompieron la cuarentena (sin respetar la Ley Argentina para evitar la propagación del covid 19) e impidieron que los trabajadores de prensa de C5N realizaran su trabajo, coartando la libertad de elección de miles de ciudadanos que buscan informarse a través de ese medio de comunicación. Y, una vez más el mal ejercicio de la “libertad” por parte de unos, coartó la libertad de los otros. 

Claro, podríamos cuestionar varios puntos más como todos los anticuarentena que salieron a manifestarse con el barbijo puesto, si no estamos cometiendo los mismos errores de antaño al pensar que los manifestantes eran todos macristas, violentos, delicuentes… o sólo algún grupo de fundamentalistas que empañaron la necesidad de los vecinos de expresar lo que querían, sentían y pensaban. Sea como fuere, cuando un pedido o análisis cae en la trampa de la generalidad y no se discierne con criterio, se empantana el juicio crítico.

En fin, no es que el pedido que hicieran para ejercer ciertas libertades fuera ilegítimo. Todo lo contrario: la libertad es un derecho básico del ser humano. No obstante, el problema aparece en el plano abstracto del concepto, ya que cuando alguien esboza una problemática bajo un pedido de cierta libertad vulnerada, probablemente siempre tenga razón desde lo dialéctico. Pero, a la vez, se aleja de la posibilidad de contextualizar la problemática de manera práctica, quedándose en la queja y sin acercarse a la posibilidad de transitar ese camino que nos invita a consensuar y resolver los problemas en el marco real y concreto en el que surgen. Dando pie a los diálogos reales, llenos de encuentros y desencuentros, consensos y discensos propios de una democracia que se va fortaleciendo en este ejercicio.

Es que quizá realizar planteos en un marco tan caótico, sea la estrategia que se usa con el fin de entorpecer cualquier intento de llegar a esas soluciones imperfectas (pero soluciones al fin) que, en lo cotidiano, vamos consiguiendo. Tal vez, es hora de un autoanálisis ciudadano para saber cuán dispuestos estamos a ejercer nuestras libertades de manera responsable y sin hacerles el favor a aquellos especuladores que se nutren del caos social. Lo cierto es que “a río revuelto, ganancia de pescadores” y, en medio del caos de ese día y confusión, sólo unos pocos sacaron sus ganancias. Y ya los conocemos con nombres y apellidos: son los mismos que especulan con un país dividido para que tropiece más de una vez sin dar pasos firmes hacia el futuro.

Es hora de que llamemos a las cosas por su nombre, que no dejemos lugar a las ambigüedades y especulaciones, de que nos expresemos y ejercitemos nuestra libertad y libertades de manera responsable, sabiendo que el derecho de “ser libres para” termina cuando empieza el mismo derecho que tienen los demás.