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Y sí, acá estamos: último domingo del mes, último domingo del año y no vamos a caer en el chiste fácil (porque esta vez Agustín no nos dio pie y, por haber salido primero, tendrá su capítulo el primer domingo del próximo año). Por eso, no vamos a escribir hoy sobre la victoria de Juntos pero sí de los últimos, de los que no llegaron ni a tocar el podio, de esos ‘zarpados’ que ya habían perdido todo antes de subirse al barco (y quizá, conociendo su destino trágico se redimieron por participar en el viaje).

Sí, desde el vamos, ya sabíamos que sólo cumplirían un papel secundario en la ficción electoral. Y aquí, querido lector, hagamos una salvedad: es erróneo considerar que los roles que no son protagónicos carecen de importancia. No, hasta en las grandes sagas hay personajes episódicos que desatan la controversia y movilizan a los verdaderos protagonistas. Personajes que quizá no duran mucho en la trama pero igual dejan su impronta en el espectador. Ya ven, sino hubiera sido por la rebeldía de un Patroclo, los muros de Troya nunca hubieran caído a manos de Aquiles, tampoco Frodo hubiera llegado tan lejos para destruir el anillo sino hubiera contado con el apoyo de su amigo Sam, ni entenderíamos el tenor de la tragedia si los músicos del Titanic no hubieran intentado hasta el final apaciguar los gritos desesperados con sus melodías (y es justo en ese punto donde los podemos visualizar mejor, porque mientras aparecían tocando en primera clase, la atención siempre estaba puesta en los personajes principales).

Ahora bien, ¿podemos comparar a todos los “chiques” de las izquierdas con esos músicos?¿y será justo ponerlos a todos en la misma bolsa? Bueno, probemos, ya que la unión hace la fuerza y, aunque sea por un ratito, sería lindo que estuvieran todos juntos, ¿no? Claro, no queremos pensar que los partidos Socialista, de la Izquierda, Partido Obrero y demás se vayan a unir únicamente para emular este final trágico pero… parafraseando a Borges, lo que no une el amor, lo une el espanto. Y ésta, es la misma paradoja que vivieron los músicos reales ya que sólo al final de sus vidas, en medio del naufragio, lograron tocar juntos por primera y última vez (según cuentan los documentales, la orquesta tocaba en subgrupos en diferentes lugares como la entrada del comedor, las misas y otros eventos para entretener a los pasajeros de primera clase). Así tocaron hasta el final, igual que nuestros chiques, con más dudas que certezas: sin sumar nuevos fans, sin saber si en medio del caos alguien los escucharía o si en algún lugar se pondría en valor sus servicios. Tampoco sabemos si tocaron convencidos o por contrato, si esperaban que los de arriba le tiraran un centro (porque seguían haciendo votos en función de la élite, no de la clase popular, como pasó en la votación del Presupuesto Nacional), si minimizaron la situación o si juntos y organizados… ay, ay, perdón, pareciera que estoy hablando de los más izquierdistas del kirchnerismo. Recapitulemos: ya sea el relato sobre los músicos o sobre el desempeño electoral de los partidos de izquierda, de todas maneras, la historia los juzgará a cada uno de sus integrantes como aquellos que motivados por el bien común tocaron hasta el final, que la vida es un servicio, que debemos hacer algo que al prójimo le sirva o ayude a cambiar un poco la realidad. Pero, a su vez, la historia también dirá que si siguen así y no intentan cambiar de estrategia, llegará un día en que, por no asegurarse un bote, su música no se escuchará más, ni tendremos la posibilidad de al menos con aplausos agradecer sus servicios. Y ésta es una parte de la verdadera tragedia de nuestro Titanic: el pensar que hacer música funcional para la Derecha, les asegurará la supervivencia. No, la música no debe callarse y menos si es tan legítima y surge de las mismas calles donde resuenan cacerolas con hambre, un rotundo NO a la megaminería y tantos otros reclamos sociales que deben escucharse.

Por eso, es necesario que quienes están dispuestos a interpretar los sones populares hasta las últimas consecuencias, puedan pensarse y repensar cómo sigue y termina el viaje porque hoy hay muchas discusiones dadas a las que ni siquiera se los invita ya que son tan funcionales como la música que sólo está de fondo y pasa desapercibida. Y hay quienes dirán: “No sean tan injustos, ellos tocaron hasta el final…” pero si vieron la película también saben que hubiera sido en vano ofrecerles un bote porque a la hora de decidir cosas de fondo (el Presupuesto Nacional, la expropiación a Vicentín, etc. etc. etc. todos ejemplos sí, sacados a nivel nacional ya que en Río Negro tienen voz pero no tienen voto), bueno, ellos son como el Té Cachamay que no hace ni bien ni mal.

De todas maneras, en nuestra defensa recordemos que en esta saga estamos sólo poniendo de relieve lo negativo de cada espacio, lo que perdieron en este viaje electoral y ojalá por decreto alargaran un poquito más el año y nos dieran más domingos para destacar lo bueno (aunque Doñate y Marks digan al unísono: “No, más Domingos no, por favor”).

Quién dice… Por ahí… En una de esas, sucede un milagro de Navidad y además de resaltar lo bueno, los músicos hasta se salvan. Por las dudas, no se pierdan el final de esta saga, dedicada a quien fue coronado en el podio y a los que más perdieron, entre ellos el senador Weretilnek (sí, sí, incluso perdió más que Doñate). Pero esa, te lo vamos a contar en la próxima edición.