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“Un día como hoy…”, querido lector, es la frase que, al escuchar o leer, esperamos que anticipe un dato memorable, aquella información digna de ser recordada por gran parte de la humanidad. Pero, lejos de cualquier pomposa efeméride está lo cotidiano, el devenir usual de las cosas, la lucha del día a día, las personas comunes con sus circunstancias tachando otro día más en el almanaque. Y entonces pensamos que hay otras efemérides personales que nos recuerdan aquellos hechos cotidianos que han marcado diferentes hitos en nuestra vida. Y podemos volver a pensar, ¿qué puede signficar “un día como hoy” para cada uno de nosotros? Quizá un día como hoy haya nacido un hijo, un sobrino o se haya ido un ser querido. Tal vez, el destino hizo que dos personas se encuentren o que se separen definitivamente… esos momentos son tan significativos que pueden llegar a modificar nuestro rumbo. No importa lo que fuere, en qué etapa de nuestras vidas o lugar nos encuentre… Ni siquiera importa lo que marque el calendario o la tendencia que señalen las redes sociales. Usted y nosotros sabemos que, al final, todo se reduce a esto: siempre es uno con sus circunstancias, y desde ahí, observamos y afrontamos la vida.

También la pandemia es un tiempo hecho de “diferentes circunstancias”, como señalaba el Intendente de Choele Choel, quien hacía un análisis sobre la dureza con la que fueron azotados por la pérdida de ocho vecinos. Para él, no fueron números que marcaron una curva ascendente, sino una cruel realidad: un vecino que falleció, después su compañera de vida, cuatro hijos que vieron con horror cómo la muerte les arrebataba su familia… Claro, cómo pasar por alto esas circunstancias que, lejos de ser abstractas, son personas reales. Hoy, Diego Ramello mira lo andado y no se descuida. Ve el futuro con esperanza pero sigue hablando con dolor de esos vecinos que ya no caminan las calles de su ciudad.

Al igual que Ramello, el Intendente de Bariloche, la está sufriendo. Es un hombre creyente y está consciente del peso que conlleva la responsabilidad de tomar buenas decisiones. En ese punto, Gustavo Gennuso, sabe que no hay lugar para errores, que el problema tiene muchas aristas y que no hay una sola realidad en su ciudad, sino varias: hay un Bariloche muy vulnerable en los barrios y otro cuya suerte depende de la economía turística. Dice con fe que están trabajando, que ya avanzaron, que “en septiembre ojalá podamos traer turismo, sino la pandemia del hambre va azotar más fuerte que ahora”.

El Intendente de Sierra Grande, además del COVID, lucha con otra pandemia: “la política barata de los que intentan desestabilizarlo”, dice refiriéndose a la toma ilegal de viviendas en su ciudad. Según Renzo Tamburrini, es el mismo modus operandi que usaron años atrás, pero que está dispuesto a dar la batalla y que ahora tiene más experiencia.

En Pilcaniyeu, el Chango Ayuelef asume que mal que le pese, en la zona rural está la debilidad de su pueblo, que ese es el único lugar por donde puede entrar el virus, a causa de la falta de conciencia de la gente que transita los caminos alternativos para ir a otras ciudades pero que dará todo de sí para evitarlo, que no descansará ni se piensa descuidar en su tarea.

El Intendente Alberto Pacenti, asume que para Chichinales, ha sido peor la deuda que dejó su anterior Intendente y actual Legislador que el mismo virus. Ese préstamo pedido para obras que no se hicieron en su momento y que ahora hay que devolver. Sumado a la reducción de la coparticipación, la economía se complica y los vecinos la pasan muy mal. “Esa es la realidad”, dice.

En Campo Grande, el Intendente Rivero, aprovecha su experiencia y andar político para construir un trabajo de contención y cuidado estratégico evitando que entre el virus. Allí, realizan tareas de desifección diaria ya que su localidad, además de estar rodeada por ciudades con grandes problemáticas causadas por el COVID, tiene una ruta de conexión que es un riesgo en sí misma. Pero este desafío hace que no descanse buscando las estrategias para dar seguridad a su comunidad hasta poder salir de esta situación sin que le genere ningún costo humano.

El Intendente Pedro Pesatti, hombre que no esconde el amor por su Viedma natal, también trabaja sin descanso, comprometido en la lucha diaria y hasta altas horas de la noche pensando que nada puede quedar al azar, porque está en juego la vida de sus vecinos. “Son padres, son hijos, son nuestros hermanos, somos comunidad”, dice el Intendente. Y no le tiembla la mano para tomar las decisiones necesarias al cuidar a sus conciudadanos porque entiende que de eso se trata, del gobierno de la comunidad. Enfatizando que “no sólo miremos lo que hace el otro, también miremos lo que hacemos nosotros mismos” como un mensaje que pondera el protagonismo positivo de una comunidad cuyo municipio logró grandes resultados con sólo el 30% de su personal. “No bajemos los brazos, no nos confiemos, pensemos que nosotros somos la vacuna y de nosotros depende que podamos revertir esta situación” añade.

Entonces,  querido lector, después de repasar cuáles fueron las circunstancias que señalaron algunos de los Intendentes de nuestra provincia, volvamos al comienzo del texto:

Un día como hoy, en algún lugar de nuestra ciudad, hay una persona que fue elegida para velar por el bien de la comunidad y está afrontando un desafío que nadie le anticipó. En silencio se preocupa, se asusta, quizá no duerme tranquilo. Sí, en cada uno de nuestros pueblos y ciudades hay un Intendente al que la angustia, por momentos, lo tiene de rehén. Un jefe comunal que, sin importar partido, raza o religión, está masticando impotencia al ver que algunos no toman conciencia de la gravedad. Siente que no quiere perder a ninguno de sus vecinos y trabaja en equipo junto a su municipio, de lunes a lunes, de la mañana hasta la noche para mantener la paz y el orden social. Cada uno de ellos, se ha puesto sobre los hombros la difícil tarea de sostener, cuidar y seguir asegurando la cohesión y sentido de comunidad a pesar de las diferentes realidades que coexisten.

Quizá no se los reconozca con aplausos ni se los llame héroes, pero… sí, que sigue dando criollos, mi patria. Porque son patria al cuidarnos y al velar por nosotros. Quizá, este sea el momento, para afirmar que “un día como hoy”, los hayamos acompañado en las urnas o no, entendimos que no es fácil el cúmulo de circunstancias que les tocó y, a su vez, lo importante que son.