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Al pensar en estos tiempos, la palabra héroe, sin duda, nos devuelve varias ideas y referentes que, en este nuevo escenario se han lucido extraordinariamente. Seguramente, queridos lectores, ya pensaron cinco o diez nombres con facilidad. Como dicen muchos, esta crisis sanitaria dejó a la vista “lo bueno y lo malo de las personas” pero (sí, siempre hay algún pero) casi ninguno de los políticos entraría en esta categoría de los héroes evocados según el pueblo rionegrino.

En tiempos de pandemia respondemos  sin dudar: “enfermeros, médicos, mucamas, policías”, es decir, personal de salud y de seguridad. Y, hasta ahí vamos bien, pero claro, también hay otros trabajadores que se arriesgaron para cumplir una labor social y no están siendo reconocidos por la sociedad. Por ejemplo, detrás de cada noticia que se lee o cuenta, también hay un trabajador de prensa que de alguna u otra forma se puso en riesgo para mantener informada a la población.  Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cuántos otros habrá a los que no estamos viendo?

Sin dudas, una buena pregunta que amplía la respuesta y nos hace recordar a las personas que hicieron ollas populares en los barrios, a los maestros repartiendo módulos de comidas, a los vecinos llevando ropa para cubrir las necesidades de otros vecinos, la valentía de los héroes de Malvinas poniendo el hombro (poniendo nuevamente el cuerpo, sin importar la edad de riesgo), los recolectores de residuos, y tantos otros héroes invisibles a los que nos cuesta ver.

Por supuesto, nosotros también hicimos la tarea y elegimos volver visible a un héroe que, no está relacionado con la pandemia: es un vecino de Bariloche que empezó a aunar esfuerzos y así conseguir, después de años de invertir su tiempo personal, familiar y dinero, que en el Congreso Nacional se trate y apruebe la Ley de Alquileres. Esta historia empezó hace varios años atrás, con un tipo de bien, un periodista que hizo un trabajo de investigación, cansado de ser rehén de los caprichos de las inmobiliarias y logró algo extraordinario para todo el pueblo argentino. Estos “locos lindos” deberían ser nuestros representantes, personas que no se resignan frente a las injusticias sino que las utilizan como trampolín para llegar más lejos.

Claro, los Legisladores Nacionales y el Senador, como de costumbre, trataron de sacar una pequeña ventaja sobre el tema, pero luego de que la Ley fuera aprobada. Bueno, es sabido que la dama del lago (Silvina García Larraburu) contesta los mensajes y es amable siempre, pero no se involucra mucho cuando el beneficio de algo no es para ella o es compartido. Eso sí, en épocas de campaña sí es muy amigable con todos, incluyendo los medios de comunicación. Por otra parte, Martín Doñate hace su vida y sólo se involucra cuando le es conveniente sino ni contesta el teléfono. Sucede que su suerte política pasa por otro lado: siempre estuvo atada a la del kirchnerismo. Y ahora, al aliarse con los Soria, el final se le acerca. Ya se ve que lo incinerarán al ponerlo de candidato a gobernador, asegurándole la derrota con el menor de los Soria en el equipo de campaña. En fin, él único que surfea las olas, es el Senador Wereltinek. Por supuesto, los rionegrinos han sido muy generosos con él, y no es casual que así sea después de andar deambulando de fiesta en fiesta,  saludando hasta los postes de luz y sacándose fotos abrazados a ellos. Ahora, en este nuevo tiempo político, al ver a la gobernadora luchando con los amigos invisibles (no sólo lo decimos por el coronavirus) los dirigintes de JSRN vuelven a elegir los medios por dónde salir (y a qué medios repartirles indiscriminadamente la pauta publicitaria, el dinero del Estado).

Sin dudas, ninguno de éstos hoy es nuestro héroe. No. Entonces volvamos a ese ciudadano entusiasta que sí atendió a toda la prensa, y no por su condición de periodista, sino por entender la importancia de caminar con el vecino común y que soñar un país mejor atendiendo los problemas cotidianos de la sociedad actual es la clave. Y mientras, lograba con mucho esfuerzo y perseverancia incluir en la agenda nacional una ley que le resolvería la vida a miles de argentinos, para nuestros representantes quedaban los estancos palcos de la politiquería.

Nuestro héroe anónimo sonrió todo el día recordando el camino recorrido, mientras atendía todas las llamadas telefónicas. La felicidad desbordaba las paredes de su hogar. El día no paraba de llenarse de recuerdos sobre cómo surgió años atrás esa loca idea de desafiar al sistema y los monopolios de empresarios. Ese rionegrino que impulsó el nuevo rumbo en la historia de todos los inquilinos del país se llama Roberto Díaz. Tal vez, viendo su ejemplo, alguno de los políticos aún puedan salvar los trapos y se les ocurra algo genial y grandilocuente. Algo para que se respete esa ley, a pesar de que se contempla en el mismo texto de la misma. Algo para que en la práctica, en el día a día, en cada pueblo se respete en beneficio del bien común y no de unos pocos. Ojalá que así suceda, ya que nuestra única certeza es que más de uno, con esta Ley, alquiló balcones por un rato.