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Enumeremos para empezar, algunas cosas aparentemente sueltas. El 7 de abril pasado, Arabella Carreras ganó la elección provincial por casi un 53% de los votos, dejando atrás a Martín Soria quién obtuvo el 35%. El 11 de agosto, en las PASO nacionales, Alberto Weretilneck quedó segundo con un 29,5%, superado por el Frente de Todos – el cual encabezaba Martín Doñate -, que reunió el 44% de los sufragios.

Un análisis simplista en el cual varios periodistas cayeron, es que la figura del Gobernador rionegrino perdió en apenas cuatro meses 23,5 puntos electorales de apoyo, restándole mérito a la candidata electoral de Juntos Somos Río Negro que en abril había arrasado en las urnas. El complemento de esa afirmación, es que el peronismo, o mejor, el kirchnerismo, había recuperado un 9% del caudal electoral respecto de la elección para gobernador.

La cosa parece más compleja. La victoria de Todos en las PASO obedece al arrastre nacional por una parte. Por otra a la decepción de una porción de los votantes de JSRN por la hipocresía con la que se manejó la campaña del Gobernador Weretilneck en su candidatura a Senador Nacional por la provincia. El apoyo manifiesto y deliberado a la fórmula Macri – Pichetto “piantó” votos hacia cualquier parte o hacia el “blanco”, que fue tercera expresión el segmento con un 22,5%.

No alcanzaron los argumentos o justificativos de la Gobernadora electa, quién instó a que al pueblo rionegrino habrá que instruirlo más en el ejercicio de su derecho al voto y “animarse” a cortar boleta ; o los dichos del legislador López quién estuvo al borde de afirmar que los rionegrinos no sabían sufragar. Los números evidenciaron que la gente cortó boleta, pero el respaldo no fue para el Gobernador.

No cayó bien el apoyo deliberado de Weretilneck a Pichetto. No alcanzaron los argumentos de otras figuran de Juntos Somos Río que manifestaron en aquellos – lejanos ya – treinta días atrás, que el pueblo tenía libertad para elegir cualquier opción para la presidencia. Hubiera sonado creíble si la misma Arabella Carreras, o el Vicegobenador Pedro Pesatti, o su sucesor electo, Alejandro Palmieri – los tres de reconocida tradición justicialista -, hubiesen manifestado el apoyo a la fórmula que encabezó Alberto Fernández. Pero no; todos se mantuvieron callados. No se atrevieron a confrontar con el Gobernador. Pero el rionegrino sí se animó y le restó acompañamiento a la propuesta provincial.

Toda esta introducción busca caer directamente en el desenlace. A partir de la aceleración de la crisis económica que comenzó el 12 de agosto, y luego de las medidas adoptadas por el Ejecutivo Nacional que afectaron directamente a las provincias, Weretilneck sólo ha buscado despegarse de Pichetto y por ende de Macri.

¿Tarde pió? Es prematuro afirmarlo. Por eso el esfuerzo que se está haciendo desde JSRN para revertir la situación,  tiene como único horizonte el 27 de octubre y después se verá.

La que no parece muy complacida con esta nueva situación es Arabella Carreras. Y es lógico, si su victoria por 18 puntos de ventaja se hubiese dado a cuarenta y cinco días antes de la asunción, el respaldo popular en el arranque de su gestión sería incuestionable. Ocurre que la Gobernadora electa sabe que comandará los destinos provinciales con la foto de octubre, no con la de abril.

Para embarrar más la cancha, en estas tres semanas después de las PASO quedaron claras tres cosas para la provincia:

– Primero: los nervios y la celeridad con la cual la primera línea de la gestión rionegrina reaccionó ante el manotazo impositivo a la coparticipación por parte del Ejecutivo Nacional, sumado a la intervención si se quiere “indirecta” a la renta petrolera – y por ende a las regalías -, generaron un encontronazo con la Administración nacional, que sólo sirvió para tomar posición ante el nuevo escenario electoral de cara al 27-O. Pocos creyeron que la repentina “rebeldía” fuese real o que fuera a sostenerse en el tiempo. Lo que quedó claro además, es que el futuro provincial está atado a la rentabilidad de las petroleras que operan en Vaca Muerta.

– Segundo: la sangría de la fuga de dólares de los últimos veinte días compromete las cuentas rionegrinas, al punto que ya fue admitido por el Ministro de Economía de la provincia. Río Negro depende altamente de los vencimientos de bonos y letras compradas al Estado nacional, para poder afrontar pagos a proveedores, las obras del Plan Castello – su principal estandarte – y los sueldos estatales. Si el Ejecutivo patea los vencimientos hacia adelante y paga a la provincia los bonos y letras a plazo vencido, valga la redundancia, la cadena de pagos provincial también se estira. Domingo, si bien intentó llevar tranquilidad y previsibilidad a la ciudadanía, comenzó a apagar el fuego con nafta: por una cuestión de vecindad, los rionegrinos tienen fresquitos los argumentos del Gobernador chubutense Arcioni de hace un par de meses atrás. Éste afirmaba que si bien la situación económica de Chubut era delicada, no había por qué preocuparse dado que las cuestas provinciales estaban equilibradas…. ya vieron todos en qué condiciones está la hermana provincia.

– Tercero: a la gestión Carreras le caerán los vencimientos del dinero obtenido en Wall Street. Pero en éste caso, en lugar de cobrar hay que pagar. Y en dólares. Desde una provincia que recauda pesos; porque no posee ningún vector productivo que genere ingresos genuinos de rentabilidad directa, ni tampoco emite la moneda que además se devalúa a razón de un 11,8% semanal. El préstamo en verdes tiene un interés anual del 7,75%, contra ingresos provinciales en que términos reales, decrece en su productividad más de un 3% cada año. Cómo harán para juntar el dinero, nadie lo puede augurar.

Arabella entonces está muy preocupada y no es para menos. Pero hasta después del 27 de octubre no puede decir demasiado. Ser punzante con la gestión actual y de la cual forma parte podría jugarle en contra.

Mientras tanto, Weretilneck hace cálculos políticos y financieros de cara a llegar tranquilo a la senaduría. Esperemos que esté más lúcido que en los días previos al 11 de agosto. No sea cuestión que el próximo Senador rionegrino por la minoría sea el voto en blanco.