La Senadora Nacional Magdalena Odarda (partido RIO), junto a los integrantes de la Comisión bicameral investigadora por la desaparición y búsqueda del submarino ARA San Juan, se reunieron ayer con el ex Jefe del Estado Mayor de la Armada Marcelo Srur, para que declare acerca de su responsabilidad en la desaparición del submarino ARA San Juan.

“Como jefe de la Armada, Srur debió haber ordenado o al menos supervisado las acciones de sus subordinados, aun así, la máxima responsabilidad recae sobre el Ministro de Defensa Oscar Aguad.”, declaro Odarda.

La senadora del Frente Progresista – RIO, indagó acerca del por qué la Armada Argentina no dispuso que un buque escoltara al ARA San Juan hasta regresar a puerto debido a las averías sufridas que ponían en riesgo la nave y su tripulación, dado que el mismo Srur reconoció ante los parlamentarios que “si un submarino tiene una emergencia, se va directamente al fondo del mar”. También exigió una respuesta de por qué no se investigaron los golpes de casco que pudieron ser pedidos de auxilio el día 17 de noviembre, dos días después de desaparecido el submarino, detectados por los sonares de una corveta argentina a la cual se le ordenó retirarse del lugar y de esta forma dar por perdida la posibilidad del rescate con vida de los submarinistas.

Para concluir, Odarda se manifestó sobre la gravedad institucional que significa la acefalía en la que se encontraba la Armada Argentina al momento de la desaparición del submarino, dado que el Ministro de Defensa estaba en Canadá, el Titular de la Armada se encontraba en Uruguay recibiendo una condecoración, su segundo al mando desconocía lo sucedido y el Comandante de Adiestramiento y Alistamiento López Mazzeo se encontraba en Chaco. Esto explica por qué no hubo orden de rescate inmediato del ARA San Juan ante los mensajes sobre la entrada de agua por snorkel y el incendio del cual Srur se enteró varios días después durante una charla con familiares en Mar del Plata. El mismo Srur indicó que el Submarino en las condiciones en que se encontraba, debió cambiar la dirección para poder llegar al puerto más cercano en busca de ayuda, y no obligarlo a regresar al puerto de Mar del Plata. Pero esta orden no fue dada, omisión fatal para la suerte de los 44 jóvenes submarinistas. Una historia de ocultamiento de información y de encubrimientos entre los mismos uniformados con consecuencias irreversibles. Estamos ante un hecho de alta gravedad institucional y una violación de los derechos humanos de los jóvenes tripulantes y sus familiares que a seis meses de la desaparición de sus seres queridos solo encuentran evasivas e indiferencia de quienes debieron haberlos cuidado.

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