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Hay entusiasmo en algunos sectores de la producción agropecuaria rionegrina. Desde sus ojos, no es para menos. Los sectores políticos en pugna de cara el próximo domingo 27, incitan, prometen, alientan la exportación de absolutamente todo lo que pueda producirse en los campos de país.

Los precios internacionales no acompañan como en otras épocas; o al menos no lo hacen con la magnitud que lo vimos en lustro que transcurrió entre 2005 y 2010.

Pero ante el nuevo escenario de endeudamiento masivo que detenta Argentina, y la insolvencia para acceder a nuevos créditos externos si el país no da señales de que puede pagar la deuda vigente, poner nuevamente a este maravilloso suelo ante la necesidad de ampliar los saldos exportables y vender afuera todo lo posible, parece ser la “solución mágica”.

Según las fuerzas en pugna y los principales “tanques” de pensamiento, la tarea primordial será la de obtener dólares; y que el país pague sus cuentas. No habría otra alternativa.

En realidad sí las hay. Pero Argentina ha resuelto ser liberal, y jugar acríticamente el partido en el puesto que le asignó el concierto internacional: ser proveedor de materias primas con escaso valor agregado. O sea, con poco trabajo incorporado a lo que se produce y vende al extranjero.

Es la invariante de época: vendemos el cuero para comprar los zapatos; vendemos la lana para comprar la tela; vendemos los minerales para comprar el acero y los insumos tecnológicos.

Manuel Belgrano el “El Telégrafo Mercantil del Río de la Plata” escribía sobre el asunto allá por los primeros años del siglo XIX; antes incluso que la Revolución de Mayo y el resto de las gestas patrióticas.

Se ve venir entonces, que nuevamente Argentina atravesará un periodo dónde se deberá subsidiar la comida. Las propuestas en danza de cara a hacer repuntar el consumo interno no parecen tener otro sentido.

De hecho durante la semana que acaba de transcurrir, la patronales agropecuarias manifestaron que ven con buenos ojos las medidas que se están anunciando en las campañas electorales; siempre y cuando no intercedan en los negocios. Esto es – y alguno por ahí lo dijo -, que el futuro gobierno cambie cierta matriz de pensamiento “intervencionista”, y que deje que el mercado resuelva cuáles y en qué magnitud, son los saldos exportables del país hacia el mundo.

En criollo, mientras el mundo demande productos argentinos, el país les venderá. No importa si su propia población paga la harina, la leche, o la carne a precio internacional. Para ello se aplicarán los subsidios a la comida, mientras no comprometa ciertos parámetros de equilibrio fiscal.

Hay una verdad a voces y aceptada por todo el arco político: Argentina produce alimentos para 450 millones de personas; diez veces su población. Nadie discute esas cifras.

Un secreto: en la actualidad sólo entre el 7,5 y el 8% queda en el país para consumo interno. El planteo que se comentó más arriba, apuntaría a reducir ese margen. Lo cual, por más subsidio estatal que se imponga sobre los precios, los alimentos se volverán impagables por lo insuficientes.

Otro secreto. ¿Recuerdan la crisis de la Resolución N° 125 en 2008? Patética norma diseñada por el hoy macrista Lousteau – entonces ministro de Economía de la primera presidencia de Cristina Fernández-, apoyada sobre el desconocimiento de los fundamentos base de la industria agropecuaria nacional: sólo aplicó un criterio tributario sobre números globales en forma proporcional, de cara a disputar una porción de la renta agropecuaria o la reconfiguración de una partecita de la matriz exportadora.

Todo para que en el mercado interno quede un 2% más de lo exportado, y así eliminar el hambre del país.

A pesar de Lousteau y de la “125”; Argentina estuvo cerca del verdadero hambre “cero” en 2011. Ocho años después, volvemos a tener índices africanos. No hay hambruna todavía en el país; pero la situación es desesperante.

¿Por qué arrancamos diciendo que hay entusiasmo en algunos sectores de la producción agropecuaria rionegrina? Porque la provincia se incorporará definitivamente al mercado externo a partir de la intervención china.

Ese parece ser el plan; porque así lo indica la propaganda: resulta que Guardia Mitre su ubica en las antípodas de Pekín. Desde la metrópolis asiática ven además, que los campos lindantes son propicios para la producción ganadera a una escala que pueda formar parte de la ecuación china de abastecimiento. En Choele Choel también plantaron la bandera de la carne rionegrina al mundo. Es fuerte el ruido alrededor de la finalización operativa de Acueducto Ganadero Turístico.

A nadie le importa entonces, el hambre, los precios internos y todo lo que se discutió antes, durante y después de la “125”. Eso es “cosa del pasado”….

En fin… Mientras tanto, el asado por el Día de la Madre se suspendió por falta de fondos. Pero no te preocupes viejita: falta poco para que viajar a la China sea más fácil que tirar algo en la parrilla.

Es la economía vieja; pasa que vos no entendés. Te quedaste en la “125”.