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La imposición. Tal vez, ésta sea la forma que Martín Soria encontró para no perder la posibilidad de ser un líder. Pero claro, tampoco es fácil, se necesita una ingeniería y que la fórmula sea aplicada para lograr el objetivo.

El pueblo peronista en Río Negro se pregunta: ¿al que pierde se lo premia? ¿O el que pierde va a la cola?

En la campaña Martin Ignacio decía que el pueblo jamás debe perder y, si pierde alguien, deben ser los dirigentes. Pero eso, aquí no ocurrió, ¿o sí?

¿La cantidad de votos de la última elección eran de Soria o del peronismo que vota siempre por el peronismo? Porque no se ve reflejado que los integrantes de las listas hubiesen sumado  votos, como para decir que varió la cantidad en esta elección y que no es la misma que en cada elección saca el peronismo.

La vergüenza de la derrota no le permitió ni hacer campaña para Diputado. Sólo pensaba, en que pasen las elecciones; asumir e irse a vivir a Buenos Aires. Ahí pasará desapercibido.

Como si dijese: “de esta me salvo; solo pero me salvo. Porque después de todo me la merezco; no sé por qué, pero me la merezco”.

Si algún dirigente peronista en la provincia se hubiese puesto como objetivo no sólo perder vergonzosamente la elección a Gobernador, sino como Presidente del partido, perder todas las elecciones – hasta las internas de su propio sector -, no lo hubiera logrado. Pero aquí tenemos otro de los hallazgos que el pueblo peronista se pregunta: ¿por qué se perdió todo? No sólo no se ganó nada, sino que se perdió lo que se tenía.

¿Por algún maleficio? ¿Algún gualicho? Porque nadie puede ser tan perverso para querer que en cada pueblo, en cada ciudad de Río Negro, se dejara libre la conducción partidaria, y dejar que cada sector fuese por separado. Tres listas del mismo espacio político, sin conducción, sin apoyo provincial del Partido Justicialista. Dónde no había tanta división, Martin Ignacio la  generó. Fue facilitada desde la presidencia del PJ para así garantizar las derrotas.

“No”; se repite el pueblo peronista rionegrino. Nadie puede ser tan perverso para querer que sólo María Emilia Soria sea la única Intendente peronista de Río Negro, y de esa manera seguir conservando el poder y manejo del peronismo en la provincia.

En el peronismo rionegrino, los legisladores representan a Soria, y son los únicos dirigentes en la historia que no tienen poder territorial, ni votos propios. De esta manera, sólo harán caso a las decisiones de Martin Ignacio. Eso, si es que ya se cortó la trilogía de los hermanitos Soria, donde el mayor les concedía los caprichitos y deseos a su hermanita y hermanito más chicos. Entonces, si la trilogía paso, estos legisladores funcionarán a los deseos de Martín Ignacio.

Algunos que otros quedan – alguno de Regina, de la línea sur, de Bariloche -, que no responden a los gritos de su dirigente. Pero esos serán de la conducción que se arme desde arriba, ya perfilando y oliendo por dónde pasará el futuro.

Pero como todo en la vida no es felicidad, hay algo que Martín Ignacio no puede controlar: que los Senadores no cenen en su mesa ya que les gusta comer solos, y sólo esperan jurar y comenzar su derrotero. A pesar de que la división e interna entre los senadores le permitió a Soria pensar que esa podía ser su ventaja. Pero algo salió mal. Un inesperado Intendente que no es de su bendición entró al juego. Sierra Grande dijo: “sin Soria metiéndose se gana; si no le damos la posibilidad de meterse, se gana”. Y ganó; y ahí ganó un Senador. Y luego un par más de intendentes ganaron municipios. Se animaron, se copiaron de sierra grande.

Entonces, para Martín surgieron los siguientes interrogantes y silogismos:¿Y si algún senador sigue ganando terreno  no se correrá peligro?, y al divino botón hicimos perder a todos? porque al final gano TODOS, y si María Emilia no es la única intendente peronista en Río Negro, estamos en peligro, y si alguien moviliza el peronismo, también estamos en peligro

¿No nos sacarán el banquito cuando estemos en el ring?, y haciendo caer la idea de pensar que es preferible pocos y soristas? porque para un sorista sin votos no hay mejor que otro Soria, llámese María Emilia o Martín.