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Estamos a más o menos cien días del 10 de diciembre. Una de las eternas obviedades que se dicen a los inicios de un nuevo gobierno, es que “serán muy importantes las señales que la gestión de en sus primeros 100 días de mandato”.

Por el contrario, poco se habla de los últimos cien. Es que los argentinos, los rionegrinos y los viedmenses – en forma separada o simultánea -, no estamos del todo habituados en las últimas décadas a cambios de signos políticos en las áreas ejecutivas de forma abrupta.

Los casos que hubo, sirvieron de muestra – placebo, victoria o derrota según los ojos de cada quién – de cómo sería la cosa. Hagamos un brevísimo repaso:

En el Ejecutivo nacional, el último cambio abrupto vino en diciembre de 2001, cuando en un de las mayores crisis sociales que vivió el país, el entonces Presidente de la Nación, Fernando De la Rúa, renunció al cargo. No había Vicepresidente. Carlos “Chacho” Álvarez se había apartado del cargo un tiempo antes por no coincidir con la marcha de la gestión de aquella siempre frágil “Alianza”. Entonces, previos vuelos rasantes de Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Camaño, ocurrió la transición de Duhalde hasta mayo de 2003. Luego, Néstor Kirchner ganó las elecciones, gobernó hasta 2007; y lo sucedió durante dos mandatos Cristina Fernández.

No podemos decir que la victoria de Macri en diciembre de 2015 fue abrupta, dado el alto grado de polarización de la elección con su entonces oponente, Daniel Scioli; y dada también la llegada a la instancia definitoria que es el ballotage.

En la provincia, el último cambio abrupto tampoco lo fue tanto. La victoria de Carlos Soria en 2011, además de su propio mérito, también obedecía al agotamiento total de la sucesión de casi tres décadas de gobiernos radicales. Era “raro” que no gobierne un radical; pero la victoria del “Gringo” era previsible. La que sí fue abrupta, fue la muerte de Soria el 1° de enero de 2012. Weretilneck asumió inmediatamente una especie de “gobierno prestado”, y en forma paulatina fue genrando su propio plafón y liderazgo. Renovó mandato en 2015 y no lo dejaron volver a hacerlo en 2019. Sin embargo tiene sucesora – Arabella Carreras -, mientras pugna por ser electo Senador Nacional en octubre.

En Viedma, la Capital provincial, salvo por el interregno costancista, no tuvo sobresaltos el Partido radical para gobernarla. Sí, sufrió el fallecimiento de dos intendentes en funciones: Jorge Ferreira – en 2013- y días atrás José Luís Foulkes.

El lector se preguntará a esta altura: ¿a dónde van con tanta lata? Sea paciente. Usted vive en Argentina. Sabe sobradamente cómo hacerlo. El punto al que queremos llegar, es al cómo llegamos a los últimos 100 días en cada instancia.

A nivel provincial está fácil. Continuidad política; equipos de gestión similares; y una deuda que se multiplicó por seis a números del 10 de agosto. Devaluación del peso mediante del 30%, el pasivo se incrementaría. Usted puede decir que la deuda contraída últimamente es mitad pesos mitad dólares. Sí; bueno. Pero la provincia no emite ninguna de las dos monedas; no posee agente financiero propio, y contiene una matriz productiva que no domina. Por lo tanto, Río Negro solamente recauda; y lo hace en pesos. La devaluación implica que la provincia necesita juntar mayor cantidad de pesos para pagar la misma cantidad de dólares.

Por el lado del Ejecutivo Nacional, el resultado de las PASO dejó grogui al Presidente Macri y su entorno político cercano. Las muestras de desorientación son evidentes. La crisis de conducción tiene como correlato el abanico de decisiones incoherentes y descordinadas que tomaron los principales funcionarios desde el 12 de agosto hasta aquí. Si bien no habrá nada concreto en términos electorales hasta octubre, los últimos 100 días de esta gestión son preocupantes por el saldo que dejarán a partir del 10 de diciembre. Da la sensación que desde la Rosada no se están controlando ninguno de los resortes de poder real sobre los que se apoyan todas las gestiones gubernamentales en las últimas décadas, a ser: la relación con la Embajada norteamericana, la relación con los organismo internacionales; la relación con la banca y las empresas multinacionales; el sector agro-minero-hidrocaburífico exportador; y la calle. El estado de situación es singularmente preocupante; y lo seguirá siendo aunque Macri gane las elecciones.

En el orden municipal está la comidilla más interesante. El pasado sábado 17 de agosto falleció el intendente José Luís Foulkes. El martes 20 asumió Mario Francioni, quién detentaba la presidencia del Consejo Deliberante. De extracción pichettista, el flamante mandatario juró y perjuró mantener los pactos pre-existentes; y ser consecuente además con el acuerdo político nacional que hermana al Senador rionegrino con el Partido Radical, el PRO y el ARI en el Frente Juntos por el Cambio.

Francioni, como contrapeso anticipado, nombró al Concejal Leandro Massacessi como Subsecretario de Gobierno municipal, ante la inminente solicitud de licencia de Pedro Sánchez -actual titular de esa cartera- para participar de la campaña electoral como compañero de Mario De Rege hacia la intendencia.

Los regalitos no tardaron en llegar: antes de su licencia, y ya con Francioni y Massaccessi en funciones, Sánchez firmó la autorización para que se utilizara la maquinaria municipal en el desalojo del Barrio “2 de Enero”, ordenado por el Fiscal González Sacco.

La tradición municipal respecto de los conflictos relacionados con el acceso a la tierra y a la vivienda venía siendo la no intervención; ni participación; ni asistencias; ni reconocimiento de y hacia las mismas. Salvo durante los periodos de campaña electoral, dónde los habitantes de los barrios irregulares o tomas pasan a ser “ciudadanos” a los que hay que “seducir para el voto”, durante el resto del tiempo, han pasado a ser denominados “delincuentes”.

El obsequio hacia la dupla Francioni-Massaccessi es frondoso: un desalojo y una crisis habitacional. ¿Son responsables? Claro… Por dos razones. Primera; ambos eran concejales municipales; su deber era estar al tanto de la situación. Segundo; al aceptar los cargos de Intendente y Subsecretario respectivamente, ambos asumieron garantizando la continuidad jurídica e institucional del municipio.

Usted puede conjeturar que la cosa tuvo tufillo a treta. Nosotros no lo sabemos si fue así. Lo que sí podemos aventurarnos a afirmar, es que ambos funcionarios o no estaban informados del procedimiento -lo cual es grave porque se iba a utilizar patrimonio municipal-; o se confiaron de que los desalojos no iban a avanzar – lo cual es más grave; por confiarse -.

La cuestión es que los últimos 100 días de gobierno municipal serán muy convulsionados, porque desde hace mucho tiempo, no se avizoraba una elección a intendente tan incierta como ésta.

No nos atrevemos a conjeturar todavía cuales pueden ser los resultados. Sólo estamos mirando los movimientos del anterior oficialismo, del oficialismo de transición y de las oposiciones. Todas juegan su partido mientras la gente sobrevive por anticipado al resultado.