La UnTER se expresa a 44 años de la trágica “Noche de los lápices”

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En un comunicado titulado “Con memoria, los lápices siguen escribiendo por verdad y justicia”, la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Educación Rioegrina (UnTER) se expresó sobre el trágico significado de la dictadura, la lucha de aquellos estudiantes y lo que significa recordar y reactualizar cada 16 de septiembre aquella fecha de antaño.

Como señala el texto del comunicado “La dictadura genocida que se inició oficialmente el 24 de marzo de 1976, significó para nuestra historia el capítulo más cruento del Siglo XX. Las desapariciones forzadas, la tortura, los asesinatos, la apropiación de niñxs, fueron parte de un plan sistemático de exterminio contra todo lo que fuera sindicado como “el enemigo”.

De todos los horrores, la “Noche de los lápices” es la que devela la ferocidad descarnada contra lxs jóvenes, con el objetivo de aniquilar la participación política y sembrar el miedo entre el estudiantado en los colegios secundarios. Replicaron el mismo mecanismo, secuestraron a referentes de cada grupo, desaparecieron a la mayoría, liberaron a tres con la idea que serían los que advirtieran al resto de lo que le pasaba a lxs subersivxs.

Lxs estudiantes de La Plata, habían iniciado años anteriores una lucha unificada conformaron  la Unión de Estudiantes Secundarios-UES, y articularon acciones hasta lograr  el boleto estudiantil, que lograron en septiembre de 1975. No fue una lucha sencilla, ni sus protagonistas jóvenes imberbes. Por eso, los grupos de paramilitares integrados por la CNU y la policía bonaerense, que respondían a la Triple AAA, secuestraron, torturaron y asesinaron a Ricardo “Patulo” Rave en diciembre de ese año. Ya habían secuestrado por 38 horas a su hermano de 11 años en agosto, habían atentado dos veces con bombas su casa familiar.  Patulo tenía 19 años, era uno de los máximos referentes de la UES. Dejaron su cuerpo colgado en el Puente de Fierro, como un símbolo de espanto.

Con la llegada de la Junta Militar al gobierno, se terminaron los tiempos de advertencias. En agosto del 76 suspendieron el boleto estudiantil, la UES, a pesar de las prohibiciones continuaba con acciones de resistencia. En la madrugada del 16 de septiembre, los grupos de tareas a cargo del General Ramon Camps y  el comisario Miguel Etchecolatz comenzaron los secuestros de  Daniel Alberto Racero, María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Francisco López Muntaner, Claudio De Acha, Horacio Ungaro, que continúan desaparecidxs y Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda que fueron liberadxs años después.

Pasaron 44 años, en 1983, con la recuperación de la democracia, se multiplicaron las exigencias por justicia, a medida que familiares y ex detenidxs sumaban testimonios. El Juicio a las Juntas fue un logro, pero no podía ser el único, para lavar algunas culpas y seguir en una reconciliación forzada. Madres, Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS, Familiares, organizaciones de derechos humanos resistieron todos los embates y las políticas del olvido, hasta lograr llevar al banquillo a los genocidas y sus cómplices.

Emilse Moler, comenta en la presentación de su libro “Desde el momento que me identifiqué, más que sobreviviente, como ex detenida desaparecida y decidí contar lo que viví para que se sepa, transité mi vida con el dilema de avanzar en lo cotidiano, de construir mi futuro, pero también de no olvidar.”

Ya no hay paso atrás, aunque lo intenten, la Memoria se sostiene con las nuevas manos que alzan las banderas de los 30000 mil, con luchas similares y nuevos desafíos. Se lograron leyes para garantizar el derecho a la organización y la participación en los Centros de Estudiantes, el Boleto estudiantil es una realidad en muchas provincias, miles de chicxs son protagonistas indiscutibles en marchas por la ampliación de derechos.

Todavía faltan Juicios por Delitos de Lesa Humanidad y también juzgar a los cómplices civiles y religiosos. También desandar la construcción de un discurso de derecha que menosprecia la presencia de la juventud en espacios de decisión. Pero a lxs profesionales del odio les oponemos la unidad y la organización que unifica a las generaciones en el mismo camino, la experiencia con el ímpetu, la voluntad de reconocernos como sujetxs de derecho capaces de construir colectivamente una sociedad para todxs.”