La sombra que perdió al cuerpo

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«La sombra perdió el cuerpo en el momento en que apareció la revolución con el uniforme del orden» (Jacques Derrida Espectros de Marx pag 134)

El peronismo desde su génesis rompió con el presente – presente como con el presente – futuro, puesto que deconstruyo una historia anacrónica signada por la fragmentacion de la sociedad, voto calificado de por medio, acceso restringido a la educación, alienación laboral y falta de derechos como la asunción de una construcción definitiva de una sociedad inclusiva en un patria para todos.

En definitiva no sólo movilizó las fuerzas sociales para una coyuntura gubernamental, periodo de seis años de gobierno, sino que definió una nueva medida temporal y espacial en la politica de nuestro país, además de revolucionario fue performativo, es decir la posecion de una realidad que debería ir cambiando en un proceso dinámico cuyo final solo se solidificaria cuando el sujeto social protegido, los trabajadores se constituyeron en actores definitivos de una patria para todos.

He ahí la cuestión más escabrosa para una casta que había gozado de los privilegios como único actor social de nuestro país, romper con tal sometimiento no significaba ni más ni menos que una nueva «perusia», osea la llegada de un nuevo Jesús (el pueblo) para un juicio final en ciernes, tal figura fantasmal fue el punto de inflexión no sólo político sino social, el advenimiento (la llegada) de los que se habían cansado de esperar, de los descamisados, los cabecita negras los grasitas, los únicos herederos de Peron y Evita.

La heredad no es un título nobiliario, es una responsabilidad, para que se entienda y para que lo entiendan, los conceptos, las ideas y la doctrina como parte de un nuevo orden político y como un nuevo canon moral tampoco son un dogma, son los vestigios de un «para donde», una visualización de un camino de obstáculos a vencer y también la guía de los derechos inalienables de cualquier sociedad que se precie de inclusiva y con identidad, una dinámica donde nadie «sobra», donde cada uno es actor excluyente de un destino que nos merecemos.

A casi ochenta años de esa gesta gloriosa que nos propuso el general, aún frente a quienes se bajaron del carro, de quienes se auto proclaman sus herederos únicos, de quienes se han apropiado de la institucionalizacion del peronismo, a quienes lo han bastardeado me animo a decir que no se ha roto aún ese «hilo rojo» entre quienes esperan todavía y aquellos que nos guían espiritualmente y doctrinariamente, Juan y Eva, y es desde este vértice desde el que me apoyo para compartir estos conceptos.

En este devenir histórico que me permito compartirles, no puedo y menos aún «debo» olvidar aquel último discurso del general en la última apertura legislativa que lo escuchó en los ’70, planteando nuevos derechos, particularmente, en temas medioambientales como en los referentes a nuevas tecnologías, y recordar y elevar los logrados por Nestor y Cristina durante los doce años de gobierno, que no sólo significaron nuevos umbrales para derechos ya conquistados sino en la generación de aquellos que integrarian a minorías excluidas, nuevas unidades académicas, y la proyección de las fronteras políticas hasta las fronteras geográficas donde argentinos han decidido ser gestores decidido vida, patria he identidad

Ser espectador de los acontecimientos ocurridos en el peronismo de nuestra provincia es uno de los motivos que me movilizaron a escribir lo que les comparto, sin excluirme desde luego, puesto que aunque no resido en Río Negro, el «ser peronista» no sólo es atemporal sino que no conoce de frontera, tampoco mi espíritu es el de un esclarecido y menos el de un juez, solo es el de un compañero más, astiado de unidades básicas cerradas, de afiliados que esperan ser reconocidos, de militantes que quieren ser protagonistas y no encuentran puertas abiertas, de canales de participación obturados, de una democracia interna inexistente, de prebendas, de apropiación de representación política, de chicanas vacías de conceptos, de protagonismo bastardeado.

Si los dirigentes están resignados renuncien, pero no nos hagan cómplices de una resignación que «nunca» estuvo en el diccionario del peronismo, siempre hemos tenido voluntad transformadora, siempre el misterio de un amor a lo popular, siempre ña convicción de ser la unica herramienta de cambio político, siempre la voluntad indeclinable de poder para develar las respuestas que el pueblo no sólo necesita sino que se merece, no apelo a lo sensible apelo a algas profundo, a aquello que Cómo remarque en un principio es un legado único e inapelable…»mi único heredero es el pueblo».

El que quiera escuchar que escuche .

Ceferino Namuncura