La gallina de los huevos de oro busca novio

Productores, científicos y académicos se reúnen en El Bolsón para conversar sobre bioeconomía
1 noviembre, 2019
Los tres apotegmas del diputado Soria
3 noviembre, 2019
Compartir

Finalmente pasó el 27 de octubre. Argentina tiene nueva fórmula presidencial electa. Las provincias, nuevos Diputados y Senadores nacionales. Están bastante trilladas ya, la alegoría a la renovación esperanza y la glorificación del ejercicio democrático cada vez que termina un año electoral. Más aún cuando se elige Presidente. Sin embargo, tras treinta y seis años de gobiernos Constitucionales, el melodrama que se desata luego de cada llamado a las urnas cansa un poco.

Es simple. Desde el mismo nacimiento de nuestro país, el pueblo argentino luchó por el pleno ejercicio de la democracia. Luego de tanto sufrimiento, es justo que se la honre de una vez por todas. La ciudadanía no debe conformarse con el “al menos vivimos en democracia”. Nuevamente Argentina se encuentra padeciendo hambre y miseria. Enumerar las estadísticas de la pobreza, la desigualdad, la distribución del ingreso o la riqueza también son temas trillados. Sobran las fuentes donde obtener esos datos si así el lector lo desea.

Es momento de exigirle a nuestros representantes que trabajen para que el país salga del péndulo perverso al que está sometido: del abismo a la trepada; de la trepada al abismo. Así cada periodos de más o menos quince años, los argentinos nos debatimos entre sobrevivir como se pueda y mantener la cabeza fuera del agua el mayor tiempo que nos dejen. Ya es hora entonces, de consolidar posiciones de prosperidad.

Argentina es un país subpoblado donde está todo por hacerse. Río Negro tiene su parte en el asunto. En aras del federalismo tan añorado, declamado, pero casi nunca ejercido, la provincia cuenta en su seno con la gallina de los huevos de oro para su autoabastecimiento alimentario.

Días pasados, un medio de la Capital rionegrina publicó un artículo dónde se conmemoraba el 68° aniversario del comienzo de las obras del IDEVI; particularmente de su canal principal. En aquél momento comenzó a materializarse un sueño de los habitantes de toda la región del Valle Inferior de Río Negro: la infraestructura de riego, drenaje y sistematización que permitiría poner en producción la zona, y transformarla en un vergel.

A lo largo de casi siete décadas, la ejecución de obras tuvo varias idas y vueltas. De aquél proyecto original diagramado por los primeros gobiernos peronistas, más la ampliación al mismo que realizara el Gobierno de Frondizi, sólo se ha completado algo más del 60% (48 mil hectáreas de las casi 75.000 programadas). Desde 1978 que no se realiza ninguna obra de consideración en el sistema.

Más allá de las voces declamatorias, tampoco ninguna gestión presidencial o gubernamental se ocupó del tema. La nota periodística mencionada hace una referencia acertada sobre la actual gestión rionegrina: el IDEVI no fue considerado ni en el Plan “Patagonia”, ni en el Plan “Castello”.

A buen entendedor, pocas palabras. No es de interés. No está en agenda.

Sucede, sin embargo, que Río Negro además de tener la gallina de los huevos de oro, tiene un gallinero completo de la misma especie. A pesar de la falta de mantenimiento a lo ya deteriorado; la prácticamente nula inversión en maquinarias y equipos; la escasa imaginación para proyectar la producción de al menos un producto de cara al autoabastecimeinto; la provincia posee entre manos, condiciones privilegiadas para consolidar un desarrollo económico sin techo próximo aparente. La puesta en marcha no llevaría mucho más tiempo que algo más de un periodo de gobierno.

Actualmente, a las 48 mil hectáreas de IDEVI, deben sumarse otras casi 750 mil que ocupan los demás sistemas de riego por canalización en la totalidad del territorio provincial. Todos esos sistemas están desconectados entre sí. Ni siquiera son complementarios uno del otro. Pero, las obras para unificarlos están proyectadas hace décadas. De ejecutarse las mismas; y posteriormente planificar y prospectar producción, Río Negro tendría la posibilidad – y podría darse el lujo -, de proveer a toda la Patagonia de alimentos.

Sólo falta voluntad política. La legislación necesaria para poner en marcha el proceso está vigente en la provincia (la famosa Ley 200 por ejemplo), o posee estado parlamentario en el Congreso Nacional. Éstas contemplan la prolongación o construcción de líneas ferroviarias; marco regulatorio para la creación de empresas o corporaciones estatales; construcción o adaptación de terminales portuarias a necesidad y conveniencia de los requerimientos productivos y fabriles; etc, etc.

Si seguimos esperando que el capital privado pose la mirada en tan imperiosa necesidad como es la de sacar al país del hambre, a esta altura de las circunstancias, nuestras autoridades pecarán nuevamente – y pensando bien – de ilusos o ingenuos. Es más; el sector privado ya eligió. Invierte en turismo, hidrocarburos y emprendimientos extractivistas de cara a la exportación. Ninguna de esas actividades está dejando en la provincia o en la Patagonia más que migajas.

Sólo la vemos pasar. Las generaciones pasan y el deterioro crece. Esperemos que las nuevas gestiones provinciales y nacionales pongan ojos y manos a la obra. No queda margen para declamaciones.