De El Bolsón a Libia sin fronteras

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Juan Pablo Sáchez, es un joven médico de El Bolsón especialista en Terapia Intensiva, quien hace unos años forma parte del plantel internacional de Médicos Sin Fronteras. Pronto a embarcarse en una nueva misión en el Mediterráneo, Juan Pablo mantuvo una comunicación con FM Piltri de El Bolsón desde Marsella, Francia.

“Soy nacido en El Maitén y criado en El Bolsón. Hice la primaria y secundaria allí, y luego estudié medicina en la Universidad de Buenos Aires e hice la recidencia y especialidad en Mendoza”, relató. “Trabajé en el hospital de Esquel como médico de planta; pero luego tuve que elegir entre las tareas de Médicos sin Fronteras o el hospital. Ahora, cuando no estoy afectado a las misiones, trabajo temporariamente en El Bolsón”.

Consultado sobre los requisitos y la experiencia que significa integrar Médicos sin Fronteras, Juan Pablo contó que “debe tenerse conocimiento de idiomas para poder comunicarnos. Hay gente de todos los países: Inglaterra, Francia, Italia, Noruega, Nigeria, Camerún. Hay que manejarse en francés e inglés principalmente. Me enrolé en 2016. Mi primera misión fue en un campo de refugiados en Sudán del Sur. Es uno de los países más nuevos en África; que se independizó de Sudán. Allí hay un montón de grupos étnicos, que están congregados en un país; y chocan entre sí, hay guerras. En este caso, hay un par de esos grupos que no podían vivir en el territorio por la situaciones de violencia; entonces están viviendo 30 mil personas en un campo de refugiados de la ONU”.

En cuanto a la dinámica que la organización se da para organizar el trabajo, Sánchez explicó que “cambian los contextos de un país a otro. Hay proyectos de Médicos Sin Fronteras que son más regulares y específicos. Por ejemplo, apoyar un hospital de pediatría en un país que no posee los recursos y las situaciones de salubridad no son muy estables. Otros proyectos en Yemen, que está en guerra con Arabia Saudita, donde cambia el contexto y los médicos no se pueden mover mucho. Las seguridad de MSF se basa en la aceptación de la gente; nunca se va a hacer una intervención sin previamente hablar con los líderes locales y escuchar las necesidades médicas que tienen. A veces es complicado, porque por ejemplo vamos a un programa de emergencia de tuberculosis en menores de cinco años, pero vemos que hay otras necesidades que no se pueden cubrir”.

“En total seremos unas 3.000 personas de todo el mundo y se trabaja también con personal local. Se aplican programas de capacitación llamados “Capacitibilding”, que tienen por objetivo transmitir conceptos e incorporar instrumentos técnicos a los lugares para que queden allí a disposición d ella población”; aseguró.

Sobre el presupuesto y la financiación que recibe MSF, el joven manifestó que “no se se puede abarcar todo con el presupuesto acotado que comúnmente hay. Casi el 100% de los recursos son donaciones de personas MSF no acepta ningún tipo de donación de gobiernos y empresas, cosa que les da transparencia, autonomía y neutralidad. Si entran en la página; allí puede verse que es lo que se hace con lo que se compra, cuánto sale cada medicamento que se usa; qué se hace con ese dinero; a dónde se destina. Los médicos tenemos un salario simbólico pero suficiente. Si trabajáramos como profesionales en forma particular ganaríamos bastante más. La idea no es estar en esto por una cuestión monetaria, sino la empatía y la solidaridad”.

Sobre la experiencia en el Ocean Viking, embarcación que se alquila por un tiempo determinado; y que está disposición de Médicos Sin Fronteras en la actualidad, Sánchez contó que se le realizaron modificaciones para poder hacer rescates de personas, pero que trabajan con otra organización especializada que se llama SOS.

“Para que tengan una dimensión, en el año han fallecido unas 700 personas tratando de cruzar desde Libia al continente europeo. Hemos rescatado en el mismo periodo casi 1000 personas. Las personas permanecen muchas horas sobre pequeñas embarcaciones muy precarias; es decir, barcos que son para veinte personas en los que suelen ir más de un centenar, sin chalecos salvavidas, o dispositivos de seguridad. Luego de muchas horas nos encontramos con gente con hipotermia, deshidratación severa, insolación, intoxicación por combustibles si están al lado de los motores; además que de lo que ya traen que generalmente, porque es gente que escapa de países con extremas condiciones de violencia y malnutrición. En el caso del barco, tenemos un hospital chico pero muy bien equipado, enfermeros, médicos pediátricas y parteras”, explicó. Consultado sobre cómo resolvió incorporarse ala organización, Juan Pablo dijo: “desde que estaba en la Universidad siempre me atrajo lo que hacían. Por falta de experiencia o de manejo de idioma no podía ingresar. Luego puede estudiar un poco de idiomas y tuve la suerte de poder incorporarme. La disponibilidad la definimos nosotros en cuánto tiempo por año podemos dedicarle. Yo generalmente entre julio y diciembre trato de estarlo. Hay personas encargadas de evaluar en función del perfil que misiones nos van asignando”; concluyó el joven médico que por éstas horas aguarda zarpar hacia aguas internacionales para una nueva misión que se sitúa “en una especie de triángulo entre Italia, Libia y Malta”.