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Estas líneas no significan una crónica informativo. Por eso no se abordaran los hechos en forma cronológica. Tal vez hasta carezca de sentido hacerlo. Lo común a todos ellos, es la vinculación con el espíritu federalista y autónomo que el gobierno provincial intentó darse desde que comenzó el corriente año electoral.

Sí; 2019 fue pensado como un periodo dónde lo único prioritario serían las urnas, y el llamado a la ciudadanía a que concurra de manera “independiente”, sin dejarse “influenciar” con propuestas que no se identifican con la realidad provincial ni con las expectativas de los “rionegrinos y las rionegrinas”. Así, desde diciembre de 2018, el pueblo viene siendo atravesado por el dilema del voto.

¿Y por qué no lo estaría? ¿Eso no es la democracia acaso? En realidad, lo que no está del todo bien es que se permita que se distribuyan los actos electorales en forma estratégica durante todo el calendario y todo el territorio, buscando efectos en la ciudadanía y graduando la intensidad de las campañas.

¿Y por qué no lo harían si tienen la posibilidad? Bueno, porque juega en detrimento de las fuerzas partidarias más “chicas” que no poseen recursos para afrontar una campaña electoral que se extienda durante todo el año. Muestra de ello, es que incluso a la representación del oficialismo nacional en Río Negro, le ha costado tener “presencia” permanente en el candelero electoral; eligiendo por tanto los momentos en los cuales les convenía afrontar una campaña y cuando no.

En paralelo a todo esto, corrieron los acuerdos político-sectoriales, entre tres figuran políticas de relevancia para la provincia: el Gobernador Weretilneck; el Senador Nacional por la provincia, Miguel Pichetto; y el Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que si bien no es rionegrino, siempre fue el interlocutor principal con la Rosada; a pesar de todos los intentos del Diputado Nacional Sergio Wisky por ser reconocido en ese lugar.

Entonces, el año electoral está llegando a su punto culmine, con la aparente elección del Gobernador como primer minoría en el tramo Senadores; y con dos partidos por jugar en la serie de cinco, lleva ganados dos: perdió en General Roca; triunfó en Bariloche y Cipolleti; y se esperan los duelos de Villa Regina y Viedma. Las cinco ciudades mas grandes y gravitantes de la provincia.

Por otra parte, relegó a Martín Soria a su condición de segundo. Éste, más allá que encabezó la elección en el tramo Diputados en las recientes PASO – y todo indica que repetirá resultado en octubre -, es el gran derrotado electoral que arrojó la provincia en 2019. Situación , que a pesar de las derrotas, también pone contento a Pichetto. Entretanto, Martín Doñate, se encontró con un partido ganado casi desde el vestuario, y se encamina para liderar el justicialismo provincial.

Ahora bien; ¿dónde quedó el federalismo de Juntos Somos Río Negro? La pregunta radica en dos o tres cosas que acontecieron en los últimos días.

Una, la negativa de Weretilneck a declarar la “emergencia alimentaria” en la provincia. Tiene razón; no es necesaria. Con la producción agropecuaria provincial más las regalías petroleras, no debería haber hambre en Río Negro. Pero la realidad dice que lo hay y que la contención brindada por el Gobierno provincial es totalmente insuficiente; incluso en un contexto de campaña, dónde ciertas cosas intentan disimularse. Allí, y por ello hubo que acudir a la Rosada para que brinde asistencia, que por cierto, tampoco alcanza.

Segundo hecho, el llamado del Ministro de Salud, junto con otras provincias, a que el Gobierno Nacional preste asistencia sanitaria a las provincias en crisis – entre ellas Río Negro. ¿Acaso con el Plan Castello no se cumplía con ese propósito? En teoría sí. Sucede que dicha planificación aún se encuentra en las primeras fases de concreción, y a pesar de las buenas voluntades de sus adversarios, las enfermedades no se hacen esperar en la provincia. Dado que el sistema privado de salud está fundido o escamotea recursos para sus afiliados, el pueblo concurre a los hospitales públicos masivamente. Allí el federalismo se ve afectado, porque no estaba pensado – o enunciado – para un proceso de tamaño desastre.

Tercero; la legislatura rionegrina autorizó al Ejecutivo a tomar deuda por 5 mil millones de pesos para 2020 a través de Letras del Tesoro; además de autorizarlo a sobregirar la Caja provincial por intermedio del Banco Patagonia, en otros 2.500 millones de pesos. O sea, a toda la deuda que se traía y que se deberá comenzar a pagar con la nueva gestión, se le sumaron 7.500 millones.

Cuarto; por más que quieran, no pueden dejar de mirar de reojo a la hermana provincia del Chubut. No es para menos. Ambas poseen ecuaciones económicas similares, destinos comunes y potencialidades semejantes. Si bien del lado rionegrino han sido más prolijos y precavidos, las dos provincias dependen en gran medida de las regalías petroleras; pesqueras o frutícolas según el caso; y los dividendos del turismo. Además, tanto Río Negro como Chubut, no poseen injerencia política en la dirección de la explotación de dichas industrias y su poder de policía es muy limitado. Por tanto, no les ha quedado otra que llamar a la Rosada pidiendo asistencia.

¿Y el federalismo?

Y… depende… Apelar a la mística es fascinante en los momentos de victoria – Arcioni también lo hizo en Chubut cuando ganó las elecciones. Pero cuando las papas queman y está todo entregado; y sólo nos queda el rol de “vigilantes”, es más cómodo ser centralista. En ese caso, la culpa siempre la tiene otro. Entonces, federalismo sí; pero no tanto.