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Veda. Difícil contexto para encarar una columna editorial que busca expresar una lectura de algunos de los aspectos del panorama político. Tampoco nos será sencillo ser concretos, dado que para no herir susceptibilidades, no es conveniente dar nombres o detalles de antecedentes, que puedan asociarse a cualquiera de las figuras políticas que hoy pugnarán en las urnas.

Por ello, hemos elegido, saludar con satisfacción la salida del Tren Patagónico desde la Estación de Carmen de Patagones. La crónica oficial destaca que el recorrido suma así un nuevo atractivo turístico al ramal, que une la ciudad maragata con San Carlos de Bariloche. La valoración principal que se hace sobre el tren es justamente el de la oferta turística, cosa que refuerza con el tramo Ingeniero Jacobacci – Esquel, conocido mundialmente como “La Trochita”.

También la crónica destaca las manifestaciones del actual Secretario de Turismo rionegrino, respecto de que ahora se puede empezar a conversar con Bahía Blanca la posibilidad de poner en operaciones el ramal que une esa ciudad con Patagones; y dar lugar nuevamente al trasporte de cargas.

Por otra parte, días atrás se dieron a conocer los proyectos relacionados al reflote del “ferrocarril Norpatagónico”. El ramal uniría las regiones de Neuquén, Zapala, Plaza Huincul y Añelo con Bahía Blanca. El mismo no tiene otro trasfondo que dotar de servicios logísticos a las empresas que trabajan en Vaca Muerta.

¿Y cuándo será la verdadera discusión por la llegada de las cargas o el trasporte de las mismas dentro del territorio provincial?

El Plan Castello no abunda demasiado en los detalles al respecto; y en todo caso por omisión, sigue proponiendo al transporte carretero como principal fuente de traslados de fletes. De hecho, hasta el los decretos oficiales y condiciones de pliegos de obras, se menciona al ferrocarril como “complemento” o desahogo de las Rutas Nacionales 22 y 23.

Ya resulta un hallazgo arqueológico, cada vez que alguna voz se alza a favor de la navegación del río Negro con barcazas de transporte que abaraten costes de fletes o movilidad de pasajeros.

La referencia al transporte por agua no es casual: según varios pobladores de Villa La Angostura (provincia de Neuquén), el corte de la ruta que une esa localidad con Bariloche a causa d eun derrumbe; sumado a las grandes consecuencias que dejaron las últimas nevadas, colocan a ese poblado neuquino en situación de aislamiento.

Se podría decir, “ese es problema de los neuquinos”. Pero sucede que La Angostura funciona en complemento permanente con San Carlos de Bariloche – que es una ciudad rionegrina. Ambas puntos están unidos – o separados como más les guste verlo – por el lago Nahuel Huapi. Gigante, hermoso, majestuoso espejo de agua que la naturaleza nos regala y es casi íntegramente navegable. ¿A nadie se le ocurrió transportar cargas por el lago? Porque el catamarán turístico sale todos los días. La reflexión, como se imaginarán, va mucho más allá que la desgracia que está padeciendo Villa La Angostura en estos momentos. Es pertinente poner el asunto en discusión, porque el problema de los traslados por el territorio provincial y sus límites se ha convertido en un dificultad permanente; además de que los costos solamente se encarecen.

Estamos en veda y por tanto llegamos hasta acá con la reflexión. Tal vez, luego de todos los desarrollos posibles para el paseo y la recreación, venga el turno de la sustentabilidad de la región para tres o cuatro generaciones hacia adelante.

Es una expresión de deseo. Nada más. Pero como dice el dicho popular: mientras haya fe, habrá esperanza y habrá turismo.